CUANDO LA ANOREXIA SE ESCONDE


No fui consciente hasta hace pocos años de mi trastorno alimentario. Lo vi en mi hermana, cuando yo tenía 20 años, lo sufrimos toda la familia e incluso me interné con ella en el hospital para ayudarla pero nadie detectó que yo también lo tenía. He vivido desde los 8 años obsesionada con el peso, con las calorías, escondiéndome en la ropa y juzgando duramente el físico de las personas. Para mi era normal comer 1000 kcal diarias. Recuerdo mi infancia colocando las manos sobre los escaparates de las pastelerías imaginando el rico pastel que me comería. Evidentemente que nunca lo hacía porque engordaba.

La anorexia de mi hermana fue muy dura para todos. Ella se sentía sola y los intentos de mi madre para que comiera acababan en discusión. Era muy disciplinada, exigente, celosa, con una sensibilidad extrema y al mismo tiempo con una frialdad hacia sí misma abrumadora. Me sorprendía ver la incapacidad de abrir su boca para comer a pesar del llanto de mamá, de mis súplicas. Cuanto más insistía más se reafirmaba en su actitud. Mi madre se culpaba, mi padre no quería ver la realidad y yo, bueno, yo pensaba que tenía un monstruo en su interior que no le dejaba ser ella misma. Si no, ¿cómo podía explicar que se sintiera tan desgraciada si yo estaba con ella?

Mi monstruo particular se despertó plenamente en mi después de recibir malos tratos del que fue mi pareja. Me sentí sola, abandonada, sin amor... automáticamente dejé de comer. Sólo me permitía beber leche de vaca. Me sentía culpable y me castigaba. A pesar de creer que era un despojo humano intentaba parecer "perfecta" en todo lo que hacía.

Al separarme recuperé mi dignidad pero no las ganas de comer. Ya no tenía la sensación de hambre. Una amiga me hizo un juego. Cogió una cuerda y me dijo que hiciera un círculo con lo que yo pensaba que era mi cintura. Cuando coloqué ese círculo en mi cintura me di cuenta de la enorme distorsión que tenía de mi cuerpo. El círculo era cuatro veces mayor que mi cintura!!

He luchado contra la anorexia desde fuera y desde dentro. Y siempre está ahí. Todavía no he conseguido verme bien en el espejo. Cuando comienzo a sentirme bien todo el mundo me dice que parezco enferma. He aprendido a confiar en los demás y a no mirarme en el espejo. He aprendido a comer sin hambre aunque aún me salto todas las comidas que puedo. Estoy aprendiendo a darme el amor que necesito para sobrevivir, ya que tardé mucho en darme cuenta de que el amor que estaba reclamando era el amor de mi madre, el amor que nunca sentí tener.

Más de 30 años luchando con mi monstruo, domesticándolo y nadie se dio cuenta de que yo también lo tenía, ni yo misma.

Muchas chicas y chicos hablan de Ana o Mia abiertamente por la red. Ahora que lo veo con la perspectiva de los años, para mi ha sido una infancia triste, una adolescencia atormentada y una adultez cuasi- trágica. ¿acompañada de Ana? Me niego a ponerle ese nombre. No es mi amiga, ni siquiera mi enemiga, es un monstruo que no merece nada más que amor.


Todos hemos escuchado hablar sobre la anorexia nerviosa y sus devastadoras consecuencias para la persona que lo sufre y su entorno cercano.
Las personas con anorexia nerviosa se  caracterizan por  el extremo control que ejercen en sus dietas; control obsesivo en el recuento de calorías, control en la bajada de peso corporal, control en la quema de calorías a través del ejercicio físico y su total desviación de la realidad al mirar su cuerpo físico. Siempre necesitan bajar más de peso y, aunque los demás vean a una persona escuálida y enferma, nunca están satisfechas con su figura. Pero existen otros muchos casos en los que la pérdida de peso no es tan evidente. Muchas jóvenes sufren el trastorno sin ser conscientes de ello. Incluso lo niegan.
Siguiendo los criterios del DSM IV, existen dos tipos de AN. El tipo restrictivo limita la ingesta de calorías. El tipo voracidad alimentaria purgativa depende de las diferentes purgas a las que se someten. La diferencia entre este último tipo y la bulimia reside en que el individuo con anorexia come pequeñas cantidades de alimentos en la etapa voraz y se purga con mayor regularidad que los bulímicos. La diferencia entre el voraz purgativo y el restrictivo reside en que los primeros son mucho más impulsivos, más emocionalmente variables (incluso pueden llegar a automutilarse) que los segundos, que son más controladores y perfeccionistas.

En muchas ocasiones se dice que los trastornos alimentarios tienen que ver con una madre tóxica. En el relato anterior menciona su necesidad de amor materno. El término tóxico no siempre es adecuado. Las madres, y las personas en general, dan lo mejor de sí mismas en el momento en el que se encuentran. Y las madres tienen su historia personal, sus cargas que inevitablemente trasladan a sus hijos o hijas.
La relación que se establece con el alimento ciertamente representa a la madre que nutre. Y esta madre puede ser tóxica, fría, indiferente, castrante, triste...
El conflicto suele comenzar en la infancia o incluso antes durante la lactancia (el resentir puede haberse generado durante la concepción o el embarazo)
Si el trastorno comienza o continúa en la adolescencia y no se trata, el rechazo hacia la madre es total. De ahí que cuanto más se esfuerza ella en ayudar al hijo más rabia y rechazo provoca.
El conflicto emocional es:"mi relación con la madre es tóxica pero la necesito".  Lo que se siente en un nivel no consciente es: "Mi mamá me da comida tóxica". "Mi mamá controla mi vida, mi espacio, mi identidad". "Odio a mi madre".
En los casos de la anorexia nerviosa, las creencias de la madre sobre el concepto de ser mujer son tan negativos que la hija lo recibe con odio a su feminidad, se rechaza totalmente y odia la sexualidad y su menstruación. El sexo se vive con miedo, la proximidad y el calor también. Por un lado quiere ser amada, deseada, importante. Pero las creencias maternas han castrado todo deseo de disfrutar el ser mujer.
Si tienes alguno de estos síntomas. Seas hombre o mujer. Si cuentas calorías, si no te miras al espejo, si te miras pero te ves gorda/gordo, si te exiges demasiado y eres duro contigo mismo, pide ayuda. Necesitas cambiar el concepto que tienes de tu madre, revisar tus creencias y vivencias. Seguro que tu madre te decepcionó en un momento dado, no es perfecta, pero recuerda que lo que te hace sufrir es cómo lo viviste y no lo que viviste. Es tu percepción de lo vivido. Si aceptas a tu madre tal y como es aprenderás a aceptar a la mujer que hay en ti ( si eres hombre a tu parte femenina y a las mujeres que se relacionan contigo) y disfrutarás de todo lo bueno que tiene la vida para ti.

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